La conquista romana del Duratón

Tras la penetración de los ejércitos romanos republicanos en el interior hispano durante la II Guerra Púnica, y las primeras acciones en la Celtiberia durante los dos primeros decenios del siglo II a.C., los pactos de Tiberio Sempronio Graco en 179 a.C. llevaron a la imposición de la hegemonía romana entre los grupos celtíberos del alto Duero, el alto Tajo y el Ebro central. Con las guerras celtibéricas entre 151 y 133 a.C. se llegó al control romano directo de buena parte de la cabecera del Duero, ocupada por los celtíberos arévacos, quedando Termes como principal núcleo no conquistado, aunque sometido a la tutela romana, tras la caída de Numancia en 133 a.C.

Fasti Triumphales. Inscripción con triunfo de Tito Didio en 93 a.C. Museo Capitolino, Roma.

A partir de 104 a.C. se reiniciaron las acciones de conquista en el alto Duero occidental de unos territorios que conservaban todavía gran autonomía. Tras contener los celtíberos, posiblemente incorporados a las fuerzas auxiliares, la invasión de los cimbrios en 104 a.C., el nuevo interés de Roma por avanzar su dominio en el valle del Duero empujó la nueva intervención militar romana, una vez la República podía concentrar sus esfuerzos en Hispania, tras acabar la Guerra de Yugurta y la guerra servil de Sicilia.

En 100 a.C. se funda quizás en la zona una ciudad por el pretor Marco Mario, para instalar fuerzas auxiliares lusitanas como medio de afirmar el control romano en la frontera. Ya desde al menos 99 a.C. se inician nuevas operaciones militares en la Celtiberia, dirigidas por el pretor Cayo Celio Caldo. Aunque es el cónsul de 98 a.C., Tito Didio, quien anexionará el territorio celtíbero extendido al sur del Duero, entre Tiermes y Segovia. Con fuertes métodos expeditivos —Apiano habla de la matanza de 20.000 arévacos—, somete primero a Termes en 98 o 97 a.C., y a continuación, tras asediarla durante nueve meses, la ciudad de Kolenda, quizás a identificar con la ciudad celtibérica de Sepúlveda, hacia 96 a.C. También Didio aniquila, a traición, a los habitantes de la ciudad que había fundado Marco Mario unos años antes. Las operaciones militares continúan en 94 a.C., celebrando Tito Didio su triunfo sobre los celtíberos en Roma en junio de 93 a.C., mientras la campaña de Cayo Valerio Flaco en 93 a.C. culminaría la conquista del Duero medio.

Posteriormente, las principales ciudades arévacas occidentales, como Segovia, Termes, Vxama, Clunia y quizás Segontia Lanca, Segobriga y Mutudureus, se sumarían al bando antisenatorial en la Guerra Sertoriana (79-72 a.C.), que implicó a las comunidades indígenas en los bandos enfrentados de la guerra civil romana, como vía hacia la recuperación frente a los problemas de desestructuración generados por la reciente anexión. Aunque la intervención de Cneo Pompeyo determinará el definitivo control de estas poblaciones por la administración romana, enclaves donde, tras destrucciones y episodios punitivos, se instalarán oligarquías afines al gobierno romano.